LOS TOROS EN INVIERNO José Antonio del Moral
PREOCUPANTE ADIOS AL 2000
Fue un año taurinamente malo en su conjunto, salvado por la consagración de "El Juli" como indiscutible gran figura, la polémica sobre la valía profesional del muy atractivo José Tomás, la clamorosa reacción de Enrique Ponce en el tramo final de su irregular campaña, la estabilidad profesional de Manuel Caballero, la relativa resurrección de "Finito de Córdoba", el incompleto afianzamiento de un transfigurado Víctor Puerto y poco más respecto a las muchas esperanzas toreras con que se abrió la última temporada del siglo XX. Porque expectativas hubo y grandes, pero en su mayoría defraudaron. A la cabeza de éstas, "Morante de la Puebla" quien, nada más triunfar rotundamente en Olivenza, cayó herido en su primera tarde de Sevilla y perdió el sitio que parecía tener asegurado. Salvando las distancias, Morante y, en cierta manera también José Tomás, fueron en efecto los dos lunares más sobresalientes del 2000. Uno por su ya aludida pérdida de ánimo. Otro y pese a su categoría por su cerrazón en no comparecer en las plazas de mayor rango a cuenta de su veto a la televisión, lo que privó a sus muchos partidarios de verle, por fin, encumbrado; cuestión en la que, por ahora, parecen tener más ganas de que lo consiga los aficionados que el propio interesado. Ningún otro espada entre los que más figuraron en los carteles de las ferias importantes logró apuntar la posibilidad de subir ese peldaño que separa la primera fila del pelotón. De ahí la preocupación general de las empresas obligadas a confeccionar tantos o más carteles que hasta ahora de cara a un curso que se presenta crítico en cuanto a tirón popular generalizado en las taquillas y con no demasiadas ganaderías en buen momento.
No olvidemos que la Fiesta se mantiene gracias a asistencia masiva de espectadores a las plazas y que con tan pocas auténticas figuras, media docena de segundones más o menos ilustres y una escasa docena de hierros con garantías de embestir no es posible cubrir satisfactoriamente y por completo el negocio. De tal modo, encaramos el futuro inmediato con bastante inquietud.
La inflada estructura de la Fiesta va por encima de los productos que ofrece, la mayoría de la actual crítica se ajusta a lo "taurinamente correcto" para no molestar al poder ni al entramado de sus propios intereses creados, y tanto urge la mejora de la cabaña brava como la consolidación de nuevos toreros.
No valen las apelaciones a mejores tiempos pasados porque la demanda de festejos es cada vez mayor y es muy difícil completarlos cada año. En la llamada "Edad de Oro", por ejemplo, las ferias eran menos e infinitamente más cortas. "Joselito" y Belmonte copaban el 90 por ciento de los carteles y ni siquiera ellos llenaban las plazas. En la de "plata" hubo rebaja general pese al gran Domingo Ortega. En la postguerra "Manolete" acaparó el único interés hasta su muerte. Solamente los años del "desarrollo" lo fueron también para el toreo en grado sumo durante los 50 y los 60, las dos décadas más prolíficas de la historia. Jamás hubo tantos, tan distintos y tan buenos toreros coetáneos ni embistieron tanto los toros. Desde Luis Miguel y Ordóñez hasta Puerta, Camino y "El Viti" cupieron más de veinte figuras capaces de competir sin desmayo y a gran nivel. "El Cordobés", sobre todos, dio un impresionante empujón y, desde entonces, las empresas intentan mantener los mismos presupuestos organizativos que deparó este intenso periodo. Pero después no hubo parangón respecto a la cuantía de estrellas pese a la gran demanda y las ganaderías se desnaturalizaron por la moda del toro grande. "Paquirri" se encaramó en solitario entre varios diestros con más personalidad y arte que él pero sin la profesionalidad incuestionable que le llevó a la cima. Paco Ojeda revolucionó y entusiasmó pero duró un suspiro. "Espartaco" mandó sin apenas contrincantes durante siete años hasta el breve consulado de César Rincón y de éste pasamos al estrellato más largo y persistente de cuantos se conocen con Enrique Ponce durante la última década del siglo XX. Ahora estamos como dije al principio: Para el 2001 no hay más cera que la que arde con "El Juli", José Tomás si se decide de una vez a torear en todas partes y el Ponce de siempre, ya de vuelta. Pero bueno, muy feliz 2001 a todos.