LOS TOROS EN INVIERNO José Antonio del Moral
LA NUEVA TAREA DEL "PIGMALIÓN" DIEGO ROBLES
Pocos taurinos habrán existido con más dotes educadoras que el sanluqueño Diego Robles. Aunque nos hemos referido a él varias veces y no será ésta la última, merece la pena que volvamos a dedicarle otro comentario por lo que de ejemplar tiene, dados su eficacia y desprendimiento, pues Robles siempre acierta y no cobra por lo que debería - preparar y lanzar a toreros más o menos limitados - sino que, tras ponerles a punto y en línea de combate, les apodera hasta que le dejan para irse con otros o para hacer la guerra por su cuenta.
Hagamos antes repaso de sus obras como recuperador y hasta "inventor" de toreros. Pulidor del diamante en bruto que fue Paco Ojeda en sus primeros tiempos de furtivo marismeño hasta verlo convertido en excepcional "joya" a la que el mismo Robles siguió aconsejando como mozo de espadas. Rehabilitador del muy frágil José Luis Parada. Transfigurador del imposible Pedro Castillo a quien, incluso, puso en circulación. Paciente maestro del más tierno "Litri" hasta que aprendió la técnica de torear y se hizo estrella. Exigente preparador de "El Tato" y de Pepín Liria a los que puso en figuras sin serlo. Animador físico y psíquico de Morante de la Puebla quien "rompió" al final de una secreta tutela de Robles en plena temporada del 98. Afinador del inafinable Dávila Miura, últimamente huido por incierto puente de plata. Y, estos días, en disposición de realizar un nuevo "milagro" al aceptar la dirección artística y administrativa de José Luis Moreno.
Un caso ciertamente interesante éste último por cuanto el rubio torero de Dos Torres suele restar categoría a su no escaso valor y a su ya conocida pureza de formas por demasiado apocado de carácter. Robles no tendrá que enseñar como se torea a su nuevo alumno sino que, descontada la habitual preparación física que impone a todos los que caen en sus manos, tendrá que actuar como sofronizador para dar al torero tal confianza en sí mismo que logre desprenderse de su proverbial humildad, ahuyentar la mala suerte que también le acompaña y empiece a creer en lo que hace, que no es poco. El propio Moreno le ha pedido a Robles que se empeñe en tal menester con dedicación absoluta, constante compañía y cuasi fe religiosa antes y después del "parto". Un más difícil todavía que puede resultar una de las exhibiciones más apasionantes de la próxima temporada.
Mimbres no les faltan a los dos para llegar a buen término en su común propósito y, aparte desear lo confirmen, solo cabe rogar al interesado que si llega a figura no abandone al gran "pigmalión" tal y como han hecho sus antecesores. Por eso repito el consejo que vengo dando a Diego Robles cada vez que le veo. Que ponga a muy caro precio las lecciones que da a sus desesperados legos y luego, si quieren, que les apodere. Quede dicho y firmado para que conste en estas vísperas navideñas del año 2000.