LOS TOROS EN INVIERNO José Antonio del Moral
PRACTICA Y VILIPENDIO DE LA DROGA
Aunque estos días de invierno algunos se entretienen denunciando a los toreros por lidiar reses "drogadas", hace tiempo que los más precisamente señalados como culpables se quejan en privado de las reacciones extrañas que muestran algunos toros mientras los torean: miradas perdidas, falta de equilibrio, embestidas cambiantes, mínima fijeza en definitiva. Y comentan al respecto que estas alteraciones de comportamiento se deben a las "drogas" - sedantes o antiinflamatorios - que empresarios y ganaderos suministran para que las reses viajen tranquilas y no se estropeen los pitones mientras dura su traslado desde las fincas a las plazas, y para remediar cojeras evidentes en el campo o en posteriores reconocimientos.
La realidad es que el desmesurado crecimiento del espectáculo taurino ha impuesto tales prácticas por la gran demanda de ganado bravo que se produce cada temporada y que su aplicación sin medida conduce a la confusión y al vilipendio. Porque si de una parte perjudica a los profesionales del toreo, al fin y al cabo los únicos que tienen que ponerse delante de unos animales más inciertos aún que si no se les hubiera "drogado", de otra alerta a los aficionados mal adoctrinados por quienes enjuician el tema como si fuera un fraude. Hay muchos, en efecto, que vienen denunciando este intento de mejorar los inevitables traslados de las reses y el remedio de cojeras accidentales como prácticas dolosas que favorecen a los toreros sin entrar en el verdadero meollo del asunto como en tantas otras cuestiones que atañen a la tauromaquia, cada vez más en manos de advenedizos e inexpertos.
También sucede que al tiempo que se dispara el número de festejos taurinos proliferan en igual o mayor medida sujetos que se dedican a comentarlos desde los medios, asimismo crecientes en papel impreso y en las ondas hertzianas o informáticas.
La casi general incompetencia de estos últimos sumada a la voracidad de los que usan las supuestas "drogas" sin esperar a que pasen los efectos que alteran el comportamiento natural de las reses en la lidia, va creando un estado de alarma que los más recalcitrantes utilizan para desprestigiar el toreo. Monotemas de la mayoría de esos congresos en boga en los que una o varias entidades patrocinan el jolgorio de unos cuantos atrevidos, desde luego expertos en convertir la denuncia sistemática en profesión lucrativa, mientras los taurinos continúan tragando carretas y carretones. Más les valdría a unos y otros preocuparse de las consecuencias que el llamado "mal de las vacas locas" puede traer a la Fiesta por un posible cierre de fronteras y el gasto que supondría no poder comercializar la carne de ganado bravo.