TOROS. ULTIMA DE SAN ISIDRO EN MADRID José Antonio del Moral

UNA TORMENTA TERMINÓ POR ENSUCIAR UN DESIGUAL Y COMPLICADO CORRIDÓN DE VICTORINO EN EL ÚLTIMO FESTEJO DE SAN ISIDRO

Plaza de Las Ventas. Ultima de feria. Bochorno y tormentón con diluvio, viento, rayos y truenos durante la lidia de los dos últimos toros. Llenazo. Seis toros de Victorino Martín, desigualmente presentados en gran tamaño, con casi 600 kilos de promedio y un sexto descomunal con 670 sobre sus altos lomos y cornamenta asaltillada como la del primero. En general, un lote muy de sus primeros años de ganadero que tuvo poco que ver con lo que actualmente suele lidiar. Salvo el muy noble primero y los manejables aunque irregulares tercero y cuarto, dieron juego muy complicado que la lluvia y el viento contribuyeron a aumentar en su natural dificultad. Juan Mora (verde loro y oro): Pinchazo y bajonazo, ovación al toro y silencio para el matador. Pinchazo, estocada caída y descabello, ovación con discrepancias. Manuél Caballero (ceniza y oro): Estocada tendida y tres descabellos, silencio. Dos pinchazos y media tendida, desbandada general por el diluvio. Uceda Leal (celeste y oro): Estocada y tres descabellos, división al saludar. Estocada, palmas de los pocos que quedaban en los tendidos.

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La esperanza perdida de los toristas en las tres últimas corridas solo obtuvo recompensa con el primer torazo de Victorino Martín que, desgraciadamente, le cupo en suerte a Juan Mora, especialista en dejarse escapar las mejores reses que caen en todas las corridas donde actúa. Mora, sin embargo, escuchó olés y ovaciones de los que solo se fijan en el preciosismo de sus lances y muletazos, recetados casi siempre a su aire y sin prestar la más mínima atención técnica a las condiciones del burel. De ahí que a muletazos de gran traza, sucedan otros enganchados, seguidos de algunos aparentemente relajados y hasta de achuchones o cogidas. Ayer, por ejemplo, le alcanzó aunque sin herirle el gran primero y luego de visitar la enfermería por ver si le había sucedido algún inconveniente, también le cogió el cuarto, otro de los menos malos del envió, con el que Mora volvió a lucirse de capa e intermitentemente con la flámula: ora bien, ora mal, ora fatal, ora inspirado, ora tenso, ora entregado o a la deriva entre sustos y palmas de la parroquia. Lo de siempre. A ambos toros los mató mal y santas pascuas porque este hombre no tiene remedio. Tampoco parece tenerlo en sus últimas actuaciones de Madrid Manolo Caballero, por tercera vez sin suerte en los lotes - para él fueron los dos peores victorinos de la corrida - y con el público inexplicablemente frío, en la falsa creencia de que está millonario. Manuél Caballero, aunque ha salvado con creces el bache en que anduvo sumido durante varios años y se ve anunciado y triunfador en muchos carteles de fuste, aún necesitaba de un gran éxito en Las Ventas para romper definitivamente con la modestia de su reciente pasado. Por eso es de lamentar que entre los malo toros y el público que le desprecia, no haya podido conseguirlo en este San Isidro. Con mucho peligro el segundo de Victorino y tardón, mirón e incierto el quinto, poco pudo lucirse Manuél aunque lo intentó por todos los medios. El temporal que azotó la plaza nada más aparecer este quinto, dejó los tendidos desiertos y la verdad es que cualquier esfuerzo que hiciera no podía tener eco. Lo mismo padeció Uceda Leal mientras duró el "buey apis" que cerró el decepcionante y mojado festejo. No obstante, Uceda tuvo oportunidad de cuajar mejor al tercero, pero en un trasteo de muy más a menos que se diluyó porque el toro también fue perdiendo gas y porque este torero, aunque muy puro en la colocación, inicia bien los muletazos pero los termina sin alma, doblado por la cintura como una escarpia, un tanto frío y desangelado.