TOROS. FERIA DE SAN ISIDRO EN MADRID. José Antonio del Moral

GRAVE CORNADA DE MIGUEL ABELLAN, VALIENTE "EL CORDOBÉS" Y MUY ARTISTA AUNQUE SIN SUERTE MORANTE DE LA PUEBLA

Plaza de las Ventas. Vigesimoprimera de feria. Tarde levemente ventosa y lleno. Cinco toros de Daniel Ruiz Yagüe, desigualmente presentados y nobles pero muy flojos, salvo el tercero, más encastado y franco por el lado derecho. Por devolución del primero, correrse turno y alterarse el orden de la lidia tras el percance de Abellán, se jugó en quinto lugar un sobrero encampanado, agresivo y violento de Román Sorando. Manuél Diaz "El Cordobés" (verde botella y oro): Pinchazo, buena estocada y descabello, silencio. Estoconazo caído entregándose, gran ovación con las inevitables discrepancias. También mató el tercero de estocada caída y tres descabellos. Morante de la Puebla (rosa y oro): Pinchazo, media caída trasera tendida y descabello, palmas de tango contra el palco por no haber devuelto el toro. Tres pinchazos y media tendida, silencio. Miguel Abellán (burdeos y oro): Resultó gravemente herido en plena faena de muleta y trasladado a la enfermería donde le intervinieron de una cornada ascendente en la región inguinal de 15 centímetros.

Muy bien en palos Paco Peña, Luis Carlos Aranda y "El Pere".

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Hay ganaderías en España - como la de Daniel Ruiz cuyos toros se lidiaron ayer - que mientras continúe la exigencia en cuanto a peso y a la dura lidia que aquí se imponen, difícilmente podrán tener éxito y menos en la feria de San Isidro, con los del tendido del 7 afilados como navajas y los de la sombra con flor de presunción. Certificado el pronóstico, los primeros tres que asomaron por la puerta de chiqueros, de seguro que en provincias hubieran dado juego y de los buenos. Nobles como monjas y con un solo puyazo, seguro que "El Cordobés", Morante y Abellán les hubieran dado esa fiesta que en Madrid resulta poco menos que imposible. Así las cosas y cubierto el trámite de la devolución de uno y de la lidia entre protestas de los dos que el palco mantuvo sin razón, hubo de aparecer el único entero y encastado del anunciado envió para que la plaza regresara a su ser más neutral. Restablecido el orden, este tercero propició un breve respiro y dio paso a la emoción aunque, por desgracia, también nos trajo la primera y esperemos que única cornada del larguísimo ciclo. Miguel Abellán, tantas y tan prontamente herido en su todavía incipiente carrera de matador, cayó de nuevo por su escasa y torpe técnica. Casi nada con la capa y enseguida plantado en los medios con la muleta en la derecha, utilizó esta por puro mimetismo y sin mandar en le burél, aguantó tres arreones por el lado izquierdo en los de pecho y al intentar un imprudente segundo natural sin adelantar la mano ni llevar tapado al toro como requería su mala embetida por ese pitón, fue alcanzado en seco y seriamente corneado. Quiso zafarse Miguel de los que le llevaron a la enfermería, pero en el esfuerzo por lograrlo sufrió un desmayo del que supongo despertó horas más tarde, ya operado y en el hospital.

Hecho cargo de la lidia "El Cordobés", le correspondió luego el sobrero de Sorando y poco faltó para que la plaza se entregara a Manuél Díaz porque el bicho fue de los que trasmiten peligro y tapan por sí mismos los defectos. Vibrantes capotazos de recibo, quite en consecuencia y faena muy quieto de pies aunque muy poco precisa de muñecas porque "El Cordobés" no logró que el toro bajara la cara casi nunca y permitió que los pitones le tropezaran la muleta casi siempre. Trasteo de !ay¡, no de !olés!. Y muy meritorio el espadazo. Respecto a José Antonio Morante, otra vez sin suerte en Madrid, dejó el ruedo sembrado de pétalos de rosa con su capote y de pequeños claveles muleteros. Flojo el segundo toro, muy a menos cuarto y sexto, sus faenas no pudieron redondearse. Ni siquiera paladearse. Tan solo olerse y añorarse.