En el extremo oriental de la península ibérica, en la
provincia de Almería, se enclava uno de los paisajes más bellos del
Mediterráneo. Un territorio de 49.696 hectáreas, que acoge el Parque
Natural de Cabo de Gata-Níjar. Un parque marítimo-terrestre -el primero
de Andalucía- declarado, en 1997, por la UNESCO, Reserva de la Biosfera.
Entre los términos municipales de Almería, Carboneras y Níjar se
desarrolla la Ruta de la Orilla del Mediterráneo, donde se encuentra la
Sierra de Cabo de Gata con la llanura costera de la bahía de Almería, y
una de las orillas mejor conservadas del Mediterráneo Occidental, punto
clave en su estudio geológico. La Sierra de Cabo de Gata permite conocer
los macizos de origen volcánico y arrecifal surgidos de la región
sumergida bajo el Mar de Alborán, el indicio de la conexión geológica de
este espacio con el norte de áfrica. Una topografía donde se suceden,
además, acantilados que llegan a alcanzar los 100 metros, con calas o
playas y ensenadas, y en la que pese a su abrupta orografía no se
alcanzan cotas superiores a los 500 metros.
Ya en la franja que forma la Bahía de Almería se dibuja toda una serie
de terrazas marinas -albuferas litorales- que hacen un efecto barrera y
posibilitan, a su vez, la comunicación con el mar. De estas se conserva
precisamente la de Cabo de Gata, a la que accede desde la N-340.
El visitante se encontrará en esta ruta con una zona y clima áridos,
suavizados por la humedad que proporciona el mar. Es esta aridez, la
escasez de aguas, junto con la franja costera de salinas existente, la
que determina su población de flora y avifauna, así como de especies
acuáticas. Sobre todo, es la cercanía de esta zona a áfrica la que
condiciona su vegetación.
Las Almoderas, San Miguel de Cabo de Gata
Antes de iniciar la ruta es conveniente acercarse al Centro de
Visitantes de Las Almoderas en la N-340, cerca del término municipal El
Retamar, en la desviación que hay en esta localidad para Pujaire y San
Miguel de Cabo de Gata. En esta instalaciones se obtendrá la información
para conocer el parque a fondo, acceder a las distintas visitas guiadas
y disfrutar de las numerosas actividades que se ofrece en su entorno,
como el buceo.
Así, en Las Almoladeras el visitante sabrá de la existencia en el Parque
de las poblaciones de palmito (única palmera autóctona del continente) y
cornical en las laderas volcánicas; de lentiscos, acebuches y coscojas
en los barrancos umbríos; tomillo, esparto y romero en laderas y
llanuras prelitorales; poleo de mar, azucena marina y sabinas en los
laterales y dunas litorales; y aldefas y tarajes en las ramblas.
Entre su avifauna destacan aves esteparias como la alondra de Dupont,
las coguiadas o las currucas o los cientos de aves migratorias, como los
flamencos, avocetas y diversos limícolas que acogen las salinas del Cabo
de Gata. Los interesados por el buceo observarán en las praderas de
Posidonia sumergiéndose, tras este recorrido, en sus fondos marinos, con
260 especies de formaciones algales catalogadas.
Más en el interior, está la sierra, que pese a su aspecto semidesértico
acoge una fauna muy variada de la que forman parte especies como el
zorro, el tejón o el águila perdicera. Civiñlizaciones anteriores
dejaron su huella en estos parajes, pero fueron los árabes los que
alcanzaron un mayor refinamiento en la organización de sistemas de
riego, construyendo aljibes y norias.
Desde Las Almoladeras el visitante se dirigirá hacia la población
marinera de San Miguel de Cabo de Gata -conocida como Cabo de Gata-,
cuyas principales fuentes de riqueza son la pesca y el turismo. Desde
aquí, y en dirección al Cabo de Gata se encuentra la pequeña localidad
de La Almadraba de Montelevo. En sus inmediaciones hay un desvío a un
observatorio ornitológico para el estudio de las numerosas especies que
año tras año eligen las explotaciones salineras del entorno como área de
descanso en su ruta migratoria. Además, al lado de estas balsas es
frecuente encontrar enormes montañas de sal de las numerosas
extracciones realizadas en el Parque.
Sin abandonar la carretera se llaga al Cabo de Gata, el punto más
suroriental de la península ibérica. Tras subir el Pico de San Miguel se
accede a un faro, que data de la segunda mitad del siglo XIX, desde
donde se obtiene una panorámica de los acantilados, calas, arrecifes e
incluso las montañas del Rif, ya en áfrica. Por debajo del mismo se
halla el Mirador de las Sirenas desde el que se divisa el arrecife del
mismo nombre. El cabo geográfico se encuentra más alejado, en Punta Baja
En este punto existe un camino para recorrer a pie la reserva del Parque
Cabo de Gata-Níjar. Lleva a una zona de cultivos de cactus y playas
prácticamente salvajes y de gran belleza, como Mónsul y Los Genoveses ,
a las que se puede acceder también en automóvil desde San José.
San José, El Pozo de los Frailes, y punta de la Polacra
Pero si lo que desea una vez visto Cabo de Gata es proseguir en
automóvil, se deberá realizar a la inversa el trayecto que lleva hasta
Las Almoladeras y buscar la carretera de San José, uno de los pueblos
más visitados del Parque. Su puerto deportivo y su infraestructura
turística lo convierten en el lugar idóneo para excursiones y jornadas
de buceo, en las que deleitarse con la belleza de las agueas, las
praderas de posisonia y sus rocas de origen volcánico. Desde ahí se
puede retroceder a El Pozo de los Frailes, con una antigua noria, en su
día utilizada para surtir los canales de riego. La escasez de agua en la
zona ha propiciado desde antiguo el diseño de modelos hidraúlicos y de
riego para su aprovechamiento. Por ello, es habitual la presencia de
aljibes, pozos, norias y molinaos.
Este itinerario continúa hasta Los Escullos, población con una
fortificación del siglo XVIII, la de San Felipe, enclavada sobre una
duna fosilizada. A continuación se entrará en La Isleta del Moro, pueblo
de pescadores,desde donde se llega hasta Rodalquilar. En el trayecto
merece la pena parar en el Mirador de La Amatista. Un peñón rocoso desde
donde se aprecian los acantilados y la bahía que hay a lo largo de las
laderas de El Fraile, el pico más alto (493 metros).
Además, desde San José los aficionados al senderismo tienen la opción de
realizar hasta la punta de la Polacra una ruta por lo que se ha llamado
el corazón del Parque de Gata-Níjar, donde el camino llega a desaparecer
en ocasiones y que ofrece la oportunidad de hacer el itinerario por el
acantilado, próximo a la playa, o bien adentrándose más, rodeando las
distintas cimas que vertebran la zona (Cerro de Enmedio, Sierra de Gata,
Pico El Fraile) -lo más aconsejado- hasta la cala de Carnaje desde donde
se contempla el Cerro de los Lobos y la Punta de La Polacra.
Rodalquiar, Las Negras y Agua Amarga
El siguiente punto será Rodalquiar y Las Negras. En el primero de estos
municipios requiere especial relevancia sus yacimientos de oro, muestra,
junto con el embarcadero de mineral de Agua Amarga, del patrimonio
arqueo-industrial.
Ya en Las Negras se inicia por la costa un sendero por un antiguo camino
de pescadores que discurre entre esta aldea y la de Agua Amarga.
Destacan los acantilados y las distintas especies de aves del Parque. A
lo largo de la ruta, se pasa por el caserío de San Pedro, donde uno
puede hacer un alto para darse un baño en la cala que hay en sus
inmediaciones, y el cortijo del plomo.
Para llegar en coche desde Las Negras a Agua Amarga hay que buscar la
N-344, en dirección Murcia, tomar la salida hasta Carboneras por la
N-341 y una vez en ella la comarcal hacia Agua Amarga, donde hay cuevas
utilizadas en otros tiempos por viviendas por sus habitantes. Si se
prosigue por la costa hasta Carboneras, en el último tramo de esta ruta
cabe una parada en Mesa Roldán, meseta desde donde se obtiene una vista
tanto de la costa como de la zona montañosa de interior, para terminar
en la playa de los Muertos, donde según cuentan llegaron por docenas los
cadáveres de un naufragio. Sin duda uno de los lugares más misteriosos y
atractivos del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar; ideal para iniciar
o finalizar esta ruta.
Un territorio, que deja ver en sus restos y construcciones el paso de
los más diversos pueblos (fenicios, romanos, árabes,...). Basta con
observar las torres de vigía musulmanas y los castillos defensivos de
sus costas, testigos de numerosos episodios históricos -pues durante dos
siglos estuvieron sometidas a las incursiones de piratas berberiscos- y
punto de partida de mercaderes en busca de tierras africanas. |